Un aniversario con terciopelo aromático
Para celebrar, programamos ráfagas de rosa transparente, una sombra de cacao seco y un mantón de almizcle limpio, en ciclos descendentes. La cena se volvió intimidad audible; nadie preguntó por el olor, pero todos se quedaron más tiempo. La clave fue evitar dulzor excesivo y dejar que la base respirara, como un telón suave, discreto, memorable.